Llamado en espera…
Te fuiste sin dejar marcas, solamente quedaron algunos interrogantes a los que no pongo en el estante de “sumamente importante” y buenos recuerdos que en el presente no son añorados, pero que en definitiva son un placer rememorar, generalmente cuando me toca regar el silencio o cuando frases fuera de lugar destierran alguna que otra ilusión.
Podría decir que puede, pero en un acto de sinceridad voy a decir que es. Es querer proteger a los peones en un tablero de ajedrez. Es un vuelo al ras del suelo cuando da miedo la altura y la velocidad. Es meterme en una cueva para no mojarme con la lluvia esperando a que pase lo que pienso que es una tormenta. Es la pobre idea de aferrarme a lo que ya no está por miedo a perder aquello que me gustaría ganar, que no es un premio aunque apremien las ganas.
Es la triste realidad de quien no encuentra o no da en el clavo y comete los errores de siempre, quien no supera algunas cosas, de quien quiere demostrar a su propio ser algo que es la nada misma, de quien piensa en forma egoísta, y aunque no genere más dolor que el propio juega con el resto, aunque ese resto simule ser el todo y no quiera lastimarlo.
Marqué tu número. No fue por error, simplemente quería tener la seguridad de que el mundo no había cambiado, y que como siempre, vos seguías sin estar ahí para mi, lo que antes no era tan así.
Yanina.
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