Bienvenidos a este espejo... una parte de mi mundo

sábado, 13 de agosto de 2011

Chau a la creíble historia del Dr. Castillo.


Hola:
       Quiero que sepas que te entiendo, pese a todo. A mí en algún momento me pasó, y aunque la verdad no fue con vos, te confieso que conozco ese sentimiento.
       ¿Sabes? Algo hasta hace unas horas no me había pasado. El otro día sonó el teléfono, estábamos los dos discutiendo sobre el valor de un vino que compraste en los chinos y corrí desesperadamente a atenderlo (supongo que no quería escucharte aunque tuvieras razón). Tendría que haber entendido el por qué del gesto de tu cara, el llamado fue equivocado te respondí, ¿te acordás? Desde ese momento me pregunté por qué nuestra casa era insistenentemente una oficina a la cual llamaba la misma persona siempre preguntando por un tal Dr. Castillo.
        Aquella noche teníamos pensado comer una picada que al final no comimos por acostarnos temprano y enojados, habíamos abierto el tinto que compraste, el mismo por el cual discutimos, el que degusté de a poquito en estos días y el que terminé esta noche, por cierto, mientras te escribía las primeras líneas.
       Antes que nada, o después de todo esto, quiero contarte que las cosas por acá comenzaron a tomar color ya que se hizo la luz, supongo que no está para nada bien borrar con el codo lo que se escribe con la mano. Yo tendría que haber entendido el por qué de tus ausencias, antes de reprocharlas de muchas e insoportables maneras. Podríamos habernos sentado a discutirlo primero, al fin de cuentas lo único que nos debíamos era respeto.
     Ahora estas durmiendo angelicalmente y no es mi intención perturbarte el sueño, se que te cuesta conciliarlo y supongo que más en estos tiempos. Es primero por mí, y después por eso, que decidí no despertarte haciendo algo muy parecido al escándalo.
     No te voy a negar que algo de esto había sospechado (y hasta negado), sólo que no sabia que podía ser para tanto.
     Podría elegir otra manera más frontal para admitirlo, y llevarlo a cabo, pero no siento que después de todo te merezcas tanto, y esto, en este momento, te aseguro que para mí es lo más sano. Te libero un poco el camino para que le rindas cuentas a tu razón y a tu conciencia.
     Me voy. Ahora sólo me llevo las llaves del auto. Igual no te preocupes que mañana a la tarde lo podes arreglar todo con mi abogado.
                                              
                                                                                               Tu pronta ex esposa.

PD.: Me parece que te olvidaste, pero seguimos con la misma línea de teléfono en casa y evidentemente no te importó encontrarte para contarle que te robaron el celular y que casualmente no te dieron el mismo número. Ella llamo hoy para darte la noticia y me lo contó todo. Felicitaciones Dr. Castillo, vas a ser papá.
                                                             Yanina

No hay comentarios:

Publicar un comentario