Ella enfatiza en algo que todavía no encontró para correr el riesgo y sentir el vértigo de estar viva. Quiere dejar de ser un ente que transita por las calles.
Supone, como le dijeron en algún momento, que los propios fantasmas se enfrentan una vez liberados. Es así que rememora lo vivido intentando comprender y dar vuelta la página. Pero tuvo un sueño y el estaba ahí, seguramente porque lo pensó como antes alguna vez, eso ya le había pasado. En esa historia volvían a verse. Todo seguía tan igual y diferente, como suele ser de vez en cuando.
Será que no fue el tiempo, o fue el tiempo del desencuentro, como quiera que se llame a eso que los encontró y los perdió en el espacio, que los dejo seguir con sus vidas.
Tarde se dio cuenta, ella, que en sus besos había amor, un amor que no supo,ni tuvo el placer de sentir en forma sana (si es que era amor). Recuerda a aquel, a su paso cansado, su miopía, sus dedos lánguidos, su pelo, su piel blanca, su humor, sus invitaciones, sus enojos, su nudo en la garganta. Su pecho. Ese instante en que sabe que sintió a aquella persona.
Ella quiso encontrarlo para darle las gracias de haber sido el en ese momento, en ese lugar. Agradecerle a sus ojos y a sus manos, también a sus palabras firmes de valor y a sus silencios. Agradecer a la vida, al tiempo y al destiempo. Simplemente agradecer.
Yani...
♪♫“Por eso cuando el tiempo hace resumen y los sueños parecen pesadillas regresa aquel perfume de fotos amarillas
y aunque se que no era la más guapa del mundo juro que era más guapa, más guapa que cualquiera…
pero quiso quererse enamorar como una rubia del montón
y que yo la sacara de la calle de los besos sin amor…”♪♫ (Joaquín Sabina)
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