Flecha de ironía autodirigida. Un sentimiento que tiene atravesado desde hace tiempo. Se pregunta si es egoísta y se responde que tiene miedo. Piensa y se confunde, dice que son caricias urgentes y no se escucha. Reclama mimos en un cuerpo cercano pero que luego se aleja.
Con mañanas pocas veces compartidas, salvo la de aquel día, en que quiso querer sin pretender extrañar; fue en busca de amor y le devolvieron gratitud; se encontró con ciclotimia y resignación.
Vuelve entonces al puerto de la indecisión con un escudo pintado y una excusa mentirosa, con la ilusión de tener y la resaca de un amor que no fue tal, también con el recuerdo de los pájaros volando y casi nada en las manos. Con algunas fuerzas quebradas que simulan para el afuera estar enteras. Con lágrimas que brillan en la oscuridad, con algunos sueños rotos y los bolsillos vacíos.
Puede que sea la coraza bien puesta la que en días no le permita ver más allá… que un escote pronunciado oculte cosas a simple vista que quieren mirar los que no ven.
Detenta momentos eternos, esporádicamente olvidados, pero de nada le sirve que este acá ya que lo único que quiere hacer no es contemplar.
Aquellas respuestas esperadas y las estúpidas gratitudes no pedidas. Ese “gracias”, escucharlo, fue el golpe frío del viento en su cara en una mañana de invierno triste y borracha. Su imagen interna patética y su astucia de mostrarse indiferente hacen que sea, a veces, su pilar más débil y ausente. Que le joden los días en que quedan escorias suyas regadas en el suelo que ve y no quiere barrer es verdad, es ese afán por lastimarse; pero puede estar mordiéndose las ganas hasta que le duela en el orgullo.
Procura mantenerse al margen de situaciones que afloren sus instintos más bajos, pretendiendo así pisar suelo firme, entretanto se mueve en el mundo.
Persona tan especial como todas, con ganas de crecer y creer, buscando razones para seguir, aún sabiendo que vivir es la razón más importante. Se olvida que tiene las armas para la batalla. Y sólo porque todavía late, es que sabe que esta el brío por alcanzar la cura que las heridas apremian.
El cambio propone desafío.
Yani (2006)
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